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6/9/2026
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Asalto en la libre Silao-Guanajuato: violencia que escapa a la estadística

El 18 de mayo un autobús repleto fue abordado por 3 delincuentes que desvalijaron a todos los pasajeros; “para qué denunciar, no sirve de nada, dicen las víctimas”

Fecha de publicación:
8 de junio de 2026, 20:20

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    Pasó por alto para las autoridades municipales, estatales y federales, no figura en los reportes oficiales, no hay denuncias ante la Fiscalía General del Estado, pero sucedió: en la transitada carretera libre Guanajuato-Silao, alternativa de la autopista de cuota para la capital, asaltantes subieron en pleno día a un autobús de la Flecha Amarilla repleto de pasajeros sentados y de pie, a quienes amagaron, golpearon y robaron todo lo que pudieron llevarse antes de bajar y desaparecer con toda libertad.  

    Esto ocurrió alrededor de las 13:30 horas del 18 de mayo, cuando los asaltantes, encapuchados y con lentes oscuros, abordaron la unidad que hacía el recorrido sobre la carretera 110, en el tramo de Silao a la ciudad de Guanajuato. Subieron al autobús en la parada a la altura de una escuela en la comunidad El Capulín. 

    Mientras los tres hombres despojaban a las y los pasajeros con uso de violencia, insultos y amenazas, incluso a niños y niñas, el camión continuó su trayecto hasta que unos pocos kilómetros adelante, en el punto conocido como “la curva de la muerte”, ordenaron al chofer detenerse y ahí bajaron y se alejaron. 

    “No te va a pasar nada si tu mamá coopera”, dijeron los asaltantes a las niñas y niños que, aterrados, lloraban ante los gritos de los 3 encapuchados, vestidos con ropas oscuras y “con un marcado acento chilango”, de acuerdo con varios testimonios recabados por Poplab.

    Aunque sí hubo llamadas sobre lo ocurrido y policías municipales esperaron el autobús en Los Pastitos, no hubo paramédicos o personal de emergencia ni ambulancias para atender a las personas golpeadas; ninguna otra corporación arribó. Los preventivos, señalaron las víctimas, solamente ofrecieron acompañar a quien así lo deseara a la agencia del Ministerio Público. 

    Pero del episodio no quedó una sola denuncia ante la Fiscalía de Guanajuato porque el comentario general de las víctimas fue uno: no creen en la FGE y les pareció que perderían su tiempo y “no se logrará nada”. 

    “Es que ya me había pasado una vez, en un camión también, hace como cuatro años. Esa vez sí fui (a denunciar) al ministerio público y no arreglé nada, o sea, denuncié y me dijeron: ‘nosotros le llamamos’. Y nunca me llamaron, nunca se hizo nada”, dijo uno de los pasajeros entrevistados.

    Muchas de las víctimas son usuarias cotidianas de ese servicio de transporte para ir o volver a la escuela, al trabajo o a comprar su mandado en Silao. 

    Se trata de una ruta de Flecha Amarilla que comienza su recorrido desde la Central de Autobuses de Silao, toma la carretera libre a Guanajuato y hace numerosas paradas en comunidades como El Capulín, Pinos, Santa Teresa, entra a la ciudad de Guanajuato por la zona de Los Pastitos, y luego toma hacia la calle Hidalgo para salir a la calle Alhóndiga y terminar en la plaza San Javier, antes de la salida a Dolores Hidalgo. En ese punto retorna y cubre el mismo recorrido hasta la central de Silao.

    Cambiar horarios, buscar otro medio de transporte o simplemente pasar el trago amargo y regresar a la cotidianidad, “no hay de otra” son las escasas opciones de los usuarios. 

    “La vida sigue después de un asalto”, dijo uno de los afectados.

    Con toda impunidad


    Poplab preguntó a autoridades de Seguridad Pública Municipal y de la Secretaría de Seguridad y Paz si tomaron conocimiento o reporte del asalto. En ambos casos la respuesta fue negativa. “No se tiene registro”, “no hay nada”. 

    Aunque la Secretaría de Seguridad y Paz difunde ampliamente el incremento de sus capacidades para vigilar carreteras estatales y federales en Guanajuato gracias al programa CONFÍA, “nuestro objetivo es que quienes viven, trabajan y viajan por nuestro estado se sientan más seguros”, publicó el 24 de mayo, apenas unos cuantos días después del asalto.




    Mientras el gobierno del estado promueve la carretera libre Guanajuato-Silao como una alternativa ante las inconformidades ciudadanas surgidas por la concesión de la autopista a particulares, la ruta no solo está congestionada, sino que también es insegura en algunos puntos, de acuerdo con los usuarios entrevistados, quienes por temor a sufrir represalias pidieron reservar su identidad. 

    Lo hablan desde la violenta experiencia sufrida el 18 de mayo. 

    El autobús Flecha Amarilla llevaba alrededor de 60 personas adultas y varias niñas y niños ese día, todos los lugares ocupados y varias personas de pie en el pasillo. 

    “Veníamos todos tranquilos, como cada día aborda uno ese camión que es muy utilizado; la gente (de Guanajuato) viene de comprar su mandado en Silao porque la fruta, la verdura, son más baratas”, narró una de las personas afectadas.

    Una vez que en El Capulín, a unos pasos del puente peatonal, de la unidad bajó y subió pasaje, incluyendo a los tres hombres con ropas oscuras, todo cambió.

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    Con sudaderas con gorra, cachuchas y mochilas tipo mariconera, los hombres se cubrieron la cabeza y los rostros de inmediato y se distribuyeron: uno se fue hasta la parte trasera del autobús, otro se quedó a la mitad y el último permaneció adelante junto al chofer, al que le dio órdenes de continuar conduciendo. 

    Sacaron sus armas y comenzaron a gritar a la gente que entregara sus cosas, “¡saquen lo que traigan!” “¡Ya se la saben!”.

    Con las armas visibles en las manos, “agarraron parejo, no importaba si eran mujeres, niños, adultos mayores, estudiantes, nos agarraron a todos por igual, arrebataban las cosas; hubo un momento en el que agredieron a varias personas, los golpearon en la cabeza con las pistolas porque hubo quien no quería soltar sus pertenencias, cachazos. Ahí sí gritaron ‘¡te voy a matar!’ y cosas así. Entonces, pues, la gente les daba las cosas; a las mujeres les arrancaban los collares”, detalló otra de las víctimas. 

    Otro de los testimonios refiere:

    “Hubo un momento muy, muy, muy extraño donde hubo un niño que lloraba. Y entonces se acerca uno de los asaltantes y le dice al niño, ‘no te va a pasar nada si tu mamá coopera’. La mamá estaba frustrada, ¿no? Usaban a los niños como para intimidar”.

    Teléfonos celulares, carteras, laptops y otros aparatos, relojes, joyas: todo fue pasando a las manos de los asaltantes, desde el final del pasillo hasta adelante, depositado en algunas mochilas que también arrebataron a algunos pasajeros, lo mismo que monederos de varias señoras.

    “Lo único que no tocaron fue el mandado que llevaban”. 

    El asaltante del frente le ordenó al chofer reducir la velocidad y luego le pidió que se orillara poco antes de llegar al punto conocido popularmente como “la curva del diablo”. Allí se bajaron los tres hombres y corrieron hacia el cerro, para perderse entre árboles y arbustos.

    Fue muy notoria la forma de hablar de los asaltantes; coinciden los testimonios. “Un acento chilango, muy chilango, el ‘ya te la sabes', así”. 

    Una vez que descendieron, el chofer sacó un teléfono que llevaba oculto e hizo una llamada. Posteriormente, se dirigió a los pasajeros y les dijo que llegaría hasta Los Pastitos, en la entrada de la ciudad de Guanajuato, donde “ya estaba una patrulla esperando”.

    En el trayecto, dice un testimonio, “sobre todo los niños no dejaban de llorar, las mamás querían ayudarlos. Gente mayor temblando, pero no se podía hacer nada en ese momento más que tranquilizarlos”. 

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    Desconfianza total. 


    Efectivamente, al llegar al punto había una patrulla de la Policía Municipal. 


    —¿Y en el trayecto se encontraron algún patrullaje, alguna patrulla vigilando en algún punto? —se preguntó a uno de los afectados.

    “No, no, no”.

    Del autobús descendieron todos los pasajeros, algunos heridos en la cabeza, otros alterados. Nadie recibió atención médica; “ni una ambulancia ni nada había”. 

    Los policías municipales “nos dijeron que iban a esperar a los ministeriales para que fueran a tomar declaraciones… pero la gente decía ‘no, y luego ni nos van a hacer caso, no vamos a recuperar nada, una pérdida de tiempo”.

    Así que optaron por retirarse. 

    El único que se quedó fue el chofer, más preocupado por el hecho de que su empresa no lo respaldara o se creyera que él fue cómplice del asalto.

    “Una señora decía que tenía que llegar a hacer la comida, que los niños estaban asustados… Más de la mitad (de las personas) decían: “no va a pasar nada” si se denuncia. Y eso es casi seguro, ¿no? Tristemente”. 


    —¿Y ahora cuáles son sus opciones?—

    “¿Qué es lo que uno hace? Agarrar otra ruta”.

    Los usuarios afectados señalaron que esa carretera, la libre de Guanajuato a Silao, “está totalmente desierta” de vigilancia, “es una queja que se ha hecho desde hace tiempo, no encuentras patrullas, ni policías”.


    Fecha de publicación:
    8 de junio de 2026, 20:20

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