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2/5/2026
Vista aérea de una granja porcícola de 12 naves en el sudoriental estado de Yucatán, que se ha convertido en el epicentro de la crianza y procesamiento de cerdos y pollos. Esa producción está destinada a la exportación. IMAGEN: Greenpeace

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Cerdos, pollos y vacas: la industria reprueba notas climáticas

El entorno de la localidad de Yaxkukul cambió hace unos 15 años, cuando se instaló una granja porcícola en los linderos del poblado...

Fecha de publicación:
5 de febrero de 2026, 14:51

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    Por Emilio Godoy

     El entorno de la localidad de Yaxkukul cambió hace unos 15 años, cuando se instaló una granja porcícola en los linderos del poblado.

     Llegaron los malos olores y el agua contaminada. El indígena maya Juan Uc lo recuerda bien. “Empezó a oler mal. Los caminos se llenaban de lodo por las lagunas negras. Se veía cómo tiraban los desechos de la granja”, me cuenta desde algún punto de su memoria.

     Históricamente, Yaxkukul, que en maya significa “sitio donde se adora al dios kukul”, ha sido un sitio rural e indígena, pero por su cercanía con Mérida, la capital del estado, y Progreso, sede del puerto homónimo, los aires urbanos han arribado a su entorno, con las partículas de la especulación y la construcción residencial.

     Y la situación ha empeorado, no solo en Yaxkukul, un municipio que tenía 3,293 habitantes en 2020, en el sudoriental estado de Yucatán, a unos 1,300 kilómetros de Ciudad de México, y que hospeda dos granjas porcícolas.

    Imagen satelital de una granja porcícola de 14 naves, situada a un kilómetro de la cabecera municipal de Yaxkukul, en el sudoriental estado de Yucatán.

    Imagen satelital de una granja porcícola de 14 naves, situada a un kilómetro de la cabecera municipal de Yaxkukul, en el sudoriental estado mexicano de Yucatán. Imagen: Google Earth

     La granja queda “demasiado cerca de la población. Nos llega mucho la peste. En la tarde y noche se siente mucho la peste, y a veces durante el día también. Contamina el agua, sale color chocolate. Los niños que viven cerca padecen asma. Nada de bueno deja para nosotros”, resume Uc, de 62 años.

     En la zona abundan los cenotes, fosas en la roca llenas de agua cristalina que se alimentan de una compleja red de aguas subterráneas, una especie de piscinas naturales (algunas sin fondo conocido) que atraen a turistas, amantes del buceo y la espeleología. Juan Uc es propietario de un campamento que posee un cenote. Pero desde que instalaron la granja, le cuesta rentarlo, la gente llega, se queda un rato y en la tarde –cuando empieza a oler mal– dejan el lugar, y ya no regresan. Incluso el agua está amarilla y huele feo.

     La conducta empresarial ha contado con un cómplice idóneo: las autoridades en todos los niveles gubernamentales.

     “No actúan, no hay vigilancia. Las granjas trabajan libres, a sus anchas. Ninguna autoridad revisa si tienen biodigestores, piscinas de tratamiento”, denuncia Uc.

     La situación de la granja porcícola en cuestión ilustra la problemática de las productoras mexicanas de proteína y cuyo desempeño ambiental es más que dudoso.

    Vista aérea de una granja porcícola de 12 naves en el sudoriental estado de Yucatán, que se ha convertido en el epicentro de la crianza y procesamiento de cerdos y pollos. Esa producción está destinada a la exportación. IMAGEN: Greenpeace

    Vista aérea de una granja porcícola de 12 naves en el estado de Yucatán, en el sureste de México, que se ha convertido en el epicentro de la crianza y procesamiento de cerdos y pollos en el país. Esa producción está destinada a la exportación. Imagen: Greenpeace

     A pesar de que sus emisiones contaminantes aumentan y sin que la política pública las conmine a su disminución, Grupo Bachoco y Grupo Bafar carecen de compromisos climáticos a mediano y largo plazos, mientras que las metas del Grupo Porcícola Mexicano, rama especializada del Grupo Kuo y que a su vez posee marcas como Kekén, Hérdez del Fuerte e irónicamente la productora de alimentos sustentables Aires del Campo, no son creíbles, según una revisión que hice de sus reportes empresariales y evaluaciones climáticas de sus metas.

     En el cero neto (net zero), las emisiones lanzadas a la atmósfera suman lo mismo que las reducidas mediante métodos artificiales o naturales a largo plazo.

    Las tres corporaciones cárnicas operan en un sector de alta intensidad de generación de carbono. El sector agroalimentario tiene un enorme peso económico y ambiental en México, pero sus costos ecológicos quedan fuera de la ecuación.

    Para Xavier León, investigador para América Latina de la no gubernamental GRAIN, existe incompatibilidad entre el control de la contaminación y la actividad intensiva de la industria.

    “Son industrias de rápido crecimiento, no tienen sistemas de eficiencia de producción, porque su interés es producir más carne, más rápido y más barato, y eso implica muchos insumos externos, agua y tierra. Entre más animales tengan, más pueden obtener beneficios económicos, y eso repercute sobre las emisiones. Las regulaciones y el control son muy laxos. Todo este sistema de crianza industrial es muy insostenible”, analiza, desde Quito, donde reside.

    Reportes de la no gubernamental Greenpeace México y la Secretaría (ministerio) de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) hallaron que las granjas porcícolas emiten gases de efecto invernadero, causantes del recalentamiento planetario.

    Ninguna de las tres empresas respondió a la consulta sobre los hallazgos de este reportaje.

    Desatadas

    Las emanaciones de dióxido de carbono equivalente (CO2e) de alcance 1 de Grupo Bachoco pasaron de 313,602 toneladas de CO2e en 2022 a 351,743 toneladas en 2024. Cabe precisar que este gas es generado por las actividades humanas y provoca el recalentamiento planetario.

    Pero las de alcance 2 (A2) bajaron de 229,930 toneladas de CO2e a 208,470 toneladas en ese mismo lapso, atribuibles a la creciente generación de energía fotovoltaica en sus instalaciones. Bachoco aún no mide las de alcance 3, las que los clientes generan al consumir las mercancías.

    El CO2 equivalente es una medida utilizada para comparar las emisiones de diferentes gases de efecto invernadero en relación con su potencial de calentamiento global.

    Las emanaciones A1 provienen de las actividades de la empresa y las A2 de la energía adquirida a proveedores.

    Datos del Registro Nacional de Emisiones (RENE), obtenidos por solicitud de acceso a información, dan cuenta que en 2024, la corporación, cuyos ingresos suman unos 4900 millones de dólares anuales, emitió 23.9 toneladas de metano, gas con mayor potencial de encapsulamiento de calor que el CO2. Ese nivel también viene en aumento, pues en 2021 ese dato se ubicó en casi 10 toneladas.

    En 2023, CDP, una calificadora ambiental privada, asignó C, en un rango de A a F, en materia de cambio climático a Bachoco y que significa que tiene “conciencia” de la relación entre sus actividades y su impacto ambiental.

    Pero la plataforma internacional de evaluación de metas climáticas corporativas World Benchmarking Alliance le asignó calificación G, la más baja de la escala.

    Imagen satelital de un complejo avícola de la empresa Bachoco en el municipio de Hunucmá, en el sudoriental estado de Yucatán. IMAGEN: Google Earth

    Imagen satelital de un complejo avícola de la empresa Bachoco en el municipio de Hunucmá, en el sudoriental estado mexicano de Yucatán. Imagen: Google Earth

    Bachoco posee 10 complejos productivos, más de 1000 granjas de pollo, 22 plantas incubadoras, nueve procesadoras de pollo y cinco de cerdo, así como 179 granjas porcícolas. Además, posee docenas de concesiones de agua para extraer millones de metros cúbicos en México, incluyendo zonas afectadas por la escasez hídrica.

    Por su parte, Bafar, cuyas acciones pasaron de $10 pesos en 2010 a $115 al cierre de este texto y con ingresos anuales de 1500 millones de dólares, también incrementó sus emisiones, especialmente en el consumo de electricidad. Además, aumentó su extracción y consumo de agua.

    Sus emisiones A1 muestran una tendencia alcista desde 2022 tanto en el grupo corporativo como en la división de alimentos. El grupo lanzó a la atmósfera 42 000 toneladas de CO2e en 2024, mientras que su rama alimentaria, 40 000 toneladas de CO2e. Mientras, emanó 13.9 toneladas de metano, según el RENE.

    Las emanaciones A2 también vienen en ascenso desde 2021. Bafar, que posee cuatro plantas, contaminó con cerca de 70 000 toneladas en 2024, mientras que su brazo alimentario, con 65 000 toneladas. La contaminación de sus clientes sumó 33 000 toneladas en ese mismo año.

    Lo mismo sucede con Kuo, cuya polución creció 10% entre 2023 y 2024. Sus emisiones A1 pasaron de 136,924 a 176,940 toneladas en esos años y las A2, de 285,328 a 286,875 toneladas. Sin embargo, no mide la contaminación de tipo A3. Mientras, las emanaciones de metano retrocedieron de 20,605 a 18,164 toneladas.

    La empresa, propiedad de la familia Senderos (Grupo DESC) y cuyos ingresos ascienden a 2830 millones de dólares, se comprometió a reducir las emisiones de alcance 1 y 2 en 58,8% para 2034 y de alcance 3 en 35% respecto al año base de 2022. Adopta también la meta de acotar las emisiones relacionadas con bosques, suelo y agricultura, de alcance 1 y 3, en 42,4% para 2034. KUO también se compromete a no deforestar en sus principales productos vinculados a la deforestación, con una fecha objetivo para el 31 de diciembre de 2025, sobre el cual no hay evidencia de cumplimiento.

    Pero la plataforma internacional Objetivos Basados en Ciencia, sobre las metas corporativas de mediano y largo plazos, anuló su compromiso net zero, ya que la empresa no validó sus metas con los estándares de la plataforma. Por su parte la calificadoraCDP le asignó una clasificación D en cambio climático en 2023.

    Kuo tiene 23 plantas en cinco países y de las que 16 operan en México. Asimismo, posee más de 50 granjas porcícolas en territorio nacional.

    El músculo de la contaminación procede del aumento del procesamiento y producción de carne, a tono con la expansión del mercado nacional y las exportaciones. La atención pública ha recaído más en el segmento bovino, por el metano proveniente de eructos y excretas, y porcícola, por el caos y operación de las granjas, que en el avícola.

    La agricultura y ganadería representaron 17 % de las emisiones GEI de México en 2024, detrás del transporte, la generación de energía eléctrica y la industria. La principal fuente es la fermentación entérica del ganado bovino, seguida del manejo de excretas, que en conjunto concentran 72 % de estas emisiones.

    Para Francisco Bautista, académico del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la pública Universidad Nacional Autónoma de México, el problema está en función del tamaño y la ubicación de las granjas.

    En el sudoriental estado de Yucatán operan más de 500 granjas porcícolas, la mayoría de las cuales carece de autorización ambiental. Cuatro municipios viven una situación crítica y otros 11 requieren de atención urgente por la fuerte presencia de esos centros industriales. IMAGEN: Semarnat

    En el sudoriental estado de Yucatán operan más de 500 granjas porcícolas, la mayoría de las cuales carece de autorización ambiental. Cuatro municipios viven una situación crítica y otros 11 requieren de atención urgente por la fuerte presencia de esos centros industriales. IMAGEN: Semarnat

    En zonas del país “donde los suelos son profundos y hay suelos agrícolas, los problemas ambientales son menores. Pero cuando se establecen en zonas kársticas, con el acuífero muy arriba, son terriblemente contaminantes”, como en Yucatán, donde el suelo es kárstico, me explica.

    “No hay manera de tratar los residuos de estas empresas por su excesiva carga orgánica. Las megagranjas, que tienen 50 000 cerdos, generan 50 toneladas de estiércol diarias, quizá menos. No existe planta de tratamiento que pueda procesar estos residuos. Si pensamos que llevan hormonas, antibióticos, es prácticamente imposible tratarlos”.

    Visible

    El tema ha cobrado relevancia en años recientes, por el hartazgo de las comunidades afectadas ante la complicidad gubernamental y el incremento de las evidencias inculpatorias de la industria.

    En 2020, Greenpeace México documentó la existencia de 257 granjas porcícolas en Yucatán y de las cuales solo 22 tenían autorización ambiental, pese a sus riesgos. En 2023, la organización Mercy For Animals Latinoamérica identificó, mediante un análisis satelital, al menos 872 posibles instalaciones de cerdos en ese mismo estado, cantidad superior al monitoreo gubernamental.

    Rancho bovino en México. La agricultura y la ganadería son la cuarte fuente de emisiones contaminantes de este país latinoamericano. Imagen: Senasica

    Tres años después, el Dictamen Diagnóstico Ambiental de la Actividad Porcícola en Yucatán de Semarnat, hasta ahora el mayor análisis de la situación porcícola, concluyó que las instalaciones contaminan el agua, el aire y el suelo en ese estado. De sus páginas emana el aroma a impunidad, pues con sus hallazgos la propia autoridad se autoinculpó por sus omisiones.

    El documento analizó 507 granjas, la mayoría ilegales por su carencia de autorizaciones ambientales, en 83 de los 106 municipios yucatecos y de los cuales catalogó cuatro en situación crítica y 11 de atención urgente, por la cantidad de naves industriales que acogen.

    En materia climática, Semarnat identificó emisiones de metano y amoníaco, que contribuyen al agravamiento de la catástrofe climática, en una zona muy sensible por su tipo de suelo y albergar el segundo mayormacizo selvático en la región después de la Amazonia.

    Y no ha sido para menos. Yucatán, con 2.4 millones de habitantes y de 43 379 kilómetros cuadrados de extensión, tiene cada vez más peso en el aporte de proteína nacional. México presenta tendencias alcistas de producción y consumo de carne desde 2015, en la medida en que ha subido el ingreso de la población.

    El país es el sexto productor mundial bovino, con un consumo anual per cápita de 16.6 kilos y una producción de 2.25 millones de toneladas en 2024. Los principales estados contribuyentes son Veracruz, Jalisco y San Luis Potosí.

    En materia avícola, la nación latinoamericana es el séptimo productor mundial y principal consumidor per cápita en la región, con casi 38 kilos. En 2024, el país aportó 4.01 millones de toneladas de pollo, principalmente de Veracruz, Jalisco y Aguascalientes.

    Finalmente, es el decimoprimer productor global porcícola. En 2024, produjo 1.88 millones de toneladas, con una ingesta anual per cápita de 23.5 kilos. Jalisco, Sonora y Yucatán encabezaron la lista productiva.

    En 2020, el gobierno mexicano y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura diseñaron la Acción Nacionalmente Apropiada de Mitigación (NAMA, en inglés) de Ganadería Sustentable y de Bajas Emisiones en Condiciones de Pastoreo en México, con el fin de reducir las emisiones de GEI en 28 %, contribuir a incrementar la productividad y competitividad del sector ganadero.

    Pero nunca vio la luz fuera de los despachos.

    La nueva Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC, en inglés) de México, presentada en noviembre último en la cumbre climática de Belém (Brasil), busca la promoción de dietas suplementadas y alimentación mejorada para el ganado bovino, así como el impulso a la instalación de biodigestores para la captura y uso del metano y tratamiento adecuado de excretas del ganado estabulado. La NDC es el conjunto de acciones de mitigación y adaptación a la catástrofe climática que cada país adopta voluntariamente para cumplir con el Acuerdo de París sobre cambio climático de 2015.

    Vista satelital de una granja porcícola de 12 naves en la comunidad maya de Sitilpech, en el municipio de Izamal, en el sudoriental estado de Yucatán, y escenario de fuerte rechazo a esas instalaciones industriales por los altos niveles de contaminación que generan. IMAGEN: Google Earth

    Vista satelital de una granja porcícola de 12 naves en la comunidad maya de Sitilpech, en el municipio de Izamal, en el sudoriental estado de Yucatán, y escenario de fuerte rechazo a esas instalaciones industriales por los altos niveles de contaminación que generan. IMAGEN: Google Earth

    Y si bien Procuraduría Federal Protección al Ambiente (Profepa) ha clausurado alrededor de cincuenta granjas desde 2020 y las comunidades han ganado varios amparos en contra de la operación de diversas instalaciones, son más casos excepcionales que indicios de una tendencia para poner orden entre las jaulas de crianza animal.

    Al respecto, las comunidades mayas piden mayor supervisión gubernamental.

    León, de GRAIN, plantea, por su parte, el aumento de los controles gubernamentales, el fomento a la producción agropecuaria a pequeña escala mediante apoyos financieros y de política pública, así como un impuesto a la carne procedente de plantas industriales.

    “Los gobiernos lo pueden hacer en el corto plazo, pero no lo hacen porque responden a los intereses empresariales, debe haber mayores sanciones”, sugiere.

    Para Bautista, el investigador de la UNAM, los dueños de las empresas no invierten bien y los gobiernos monitorean peor, por lo que recomienda que, además de reducir emisiones, mejoren los diseños de construcción, disminuyan el consumo de agua, cuenten con buenos suelos agrícolas y un manejo sanitario cuidadoso.

    Fecha de publicación:
    5 de febrero de 2026, 14:51

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