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6/10/2026
Saul-sanchez

El balón no es redondo

El balón solo es redondo en la cancha. Fuera de ella es anguloso, irregular, tiene fisuras y chipotes que hacen del deporte...

Fecha de publicación:
9 de junio de 2026, 23:19

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    El balón solo es redondo en la cancha. Fuera de ella es anguloso, irregular, tiene fisuras y chipotes que hacen del deporte más popular del mundo mucho más que un juego de once contra once. Este mundial se va a llevar a cabo en Norteamérica básicamente por el escándalo del FIFA Gate —el Departamento de Justicia de EE. UU. y el FBI acusaron corrupción por parte de la FIFA en la elección de los anfitriones de 2018 y 2022. Esta optó por incluir a México y Canadá en el paquete para que fuera menos obvio. En otras palabras, Rusia y Qatar obtuvieron sus sedes por sobornos; Estados Unidos por extorsión.  Es la geopolítica del fútbol.

    Ahora, decir que la Copa del Mundo tiene tres anfitriones es un eufemismo. En realidad, es el mundial de Estados Unidos, con México y Canadá de relleno, quedándose con migajas de partidos. Esto refleja la asimetría que reina entre los tres países, pero también la actitud sumisa del gobierno mexicano y canadiense que aceptaron en su momento dicha subordinación; en el caso de México, escandalosa. A los canadienses les vale el fútbol; lo suyo es el hockey. Pero México, aunque nunca ha destacado en el torneo, es un referente histórico de la Copa del Mundo, por su afición, por la ola, por el Estadio Azteca —hoy renombrado Banorte—, por haber sido escenario de hitos como “el partido del siglo” o “la mano de Dios”. Es patético que nuestro país —en el gobierno de Peña Nieto— se haya conformado con méndigos 13 partidos, casi todos de fase de grupos, apenas 3 de segunda ronda y solo uno de octavos de final.  

    Organizar una Copa del Mundo cumple varios propósitos, pero desde el punto de vista del poder blando, posiciona la marca país, esto es, visibiliza al país organizador y es una oportunidad inmejorable para dar la mejor impresión a inversionistas, turistas y gobiernos extranjeros por igual. No deja de ser irónico que sea justamente el gobierno de Donald Trump el que haya propuesto y le corresponda ahora organizar el certamen. Un gobierno que se ha distinguido por su abierta xenofobia y chauvinismo. De hecho, existe una genuina preocupación entre los aficionados latinos por asistir a los estadios, ya que pudiera ser aprovechado por el ICE para hacer redadas. Del mismo modo, el número de extranjeros visitantes que han sido sujetos a controles rigurosos, detenciones prolongadas o cuyo ingreso ha sido simplemente negado en aeropuertos y pasos terrestres se ha disparado desde que Trump asumiera la presidencia por segunda vez. Sin mencionar la abierta animadversión que el gobierno republicano exhibe hacia prácticamente el resto del mundo. Queda por ver qué tanto afectará esto al aforo.

    Pero la mayor hipocresía es sin duda la invención exprofeso del infame Premio FIFA de la Paz para complacer los berrinches de Trump, quien no logró su sueño húmedo de obtener el nobel de la Paz (¿quién sabe por qué!), con todo y el obsequio —igual de vergonzoso— de María Corina Machado. Por si quedaba lugar a dudas, la FIFA ha dejado ver que no tiene dignidad alguna y está dispuesta a lo que sea con tal de seguir el negocio del espectáculo.

    Y es que, en el fondo, para la FIFA no es más que eso: un pinche negocio. Ni la competencia ni el honor, ni la recreación ni la salud son relevantes. Se ha perdido la esencia misma del deporte. Lo que importa es aumentar la audiencia a toda costa. De ahí que sea el mundial más grande de la historia, con 48 equipos, como si hubiera más de diez con un nivel alto. Que no nos extrañe que en unos años se vuelva a extender hasta garantizar la participación de los mercados más grandes del mundo, a saber, India y China, en detrimento, una vez más, de la calidad del torneo.

    Lo mismo vale para la asistencia a los estadios, donde la elitización del juego es ya descarada. Los precios de los boletos son, por decir lo menos, prohibitivos, llegando hasta 30 000 pesos para ver a la Selección (¿valdrá la pena?). Y eso, para los afortunados que puedan comprarlos. No solo se ha permitido la reventa de manera oficial (“precios dinámicos”), lo que ha elevado los costos de algunos partidos hasta más de 30 000 ¡dólares!, sino que hay acusaciones de fraude en la designación de asientos por parte de la misma FIFA, institución oficialmente registrada en Suiza como organización benéfica sin fines de lucro (!).

    Como recuerda mi amigo y colega, el sociólogo Luis Martínez Andrade, el fútbol nunca fue un deporte popular en su origen,[1] pero es que ahora se está convirtiendo en el nuevo golf o pádel. No pasará mucho para ver a los hombres de negocios hacer networking y cerrar tratos en los estadios.

    En fin, queda claro que el mundial se ha convertido en un negocio redondo sostenido en la desigualdad política y económica. Volver a los tiempos de antaño cuando era motivo para unir a los pueblos, limar asperezas, reunir a las familias, promover el deporte y la sana convivencia, se antoja la cuadratura del círculo.



    [1] Canal ICSyH (21 de mayo del 2026). El espectáculo del expolio. Deporte y estado de excepción, la Copa Mundial de fútbol 2026 [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=yHhQSuXp5Rs

    Fecha de publicación:
    9 de junio de 2026, 23:19

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