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¿Éxito histórico? Lo que Lizeth Galván no dice de los museos de Guanajuato

Fecha de publicación:
18 de mayo de 2026, 08:09

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    Por Óscar Espinoza

    Es lunes. El calendario global decreta, con su habitual solemnidad burocrática, el Día Internacional de los Museos bajo el lema “Museos uniendo un mundo dividido”. En Guanajuato, por primera vez en mucho tiempo, los recintos museísticos no cerraron sus puertas este día. La Secretaría de Cultura lo anunció el jueves pasado por oficio y el viernes por redes sociales, con el tono de quien concede un gran favor al pueblo.

    Los encargados de los museos se enteraron casi al mismo tiempo que el público. Nadie había previsto nada. Todo estaba programado para el domingo 17, el martes 19 o el miércoles 20. De pronto había que abrir un lunes, con entrada gratuita y sin una sola actividad especial. Improvisación institucional, la más elevada a política de Estado.

    II

    Hace cuatro meses, una ciudadana común presentó toda su documentación para ser dada de alta como tallerista de la Secretaría de Cultura. Filas, copias, trámites. Ya es 18 de mayo, y sigue sin cobrar ni uno de los tres pesos que le prometieron. “Ya no hay presupuesto”, le explican en el museo. A los trabajadores tampoco les han pagado completo desde enero. Horas extra, guardias, primas dominicales: todo en el limbo.

    Mejor suerte corrieron Bibiana Camacho, Elma Aurea Correa Neri y Gilma Luque Rodríguez, integrantes del jurado del Premio Nacional de Cuento Efrén Hernández. Reunidas por Zoom el 10 de abril, cada una recibió 25 mil pesos por su “distinguida” labor. Al menos el arte sí paga… cuando se trata de jurados; y pese al conflicto de interés.

    III

    Con sudor ajeno, la secretaria de Cultura de Guanajuato sigue afinando sus indicadores de gestión, engordando boletines de prensa y estirando la maquinaria de eventos y convenios para presumir a la Gobernadora de la Gente. Tras las críticas por el manejo del Premio Efrén Hernández, convocó a un desayuno para sus amigos de los medios de comunicación en el Museo de Arte e Historia de Guanajuato. Ahí proclamó un informe con el entusiasmo que no tuvo en la glosa con los diputados: “¡Éxito sin precedentes! ¡Récord histórico! ¡57 mil asistentes en solo tres meses!”.

    Entre los comunicadores, lamentablemente precarizados, se formó una cadena de sonrisas, copas y felicitaciones para Liz. Por ella pasaron café barato, bocadillos y fotos institucionales con destino a redes sociales de gobierno y a cifras de cumplimiento de indicadores de la Secretaría. Luego, la cadena migró a un grupo de WhatsApp para compartir con la prensa amiga boletines oficialistas: cifras astronómicas de los eventos (y que nadie las cuestione), triunfos rentados al MUNAL (presumiéndolos como propios) y la promesa implícita de que, si se portan bien, les invitarán otro desayuno… dentro de tres meses.

    IV

    Un camión trajo desde la Ciudad de México ‘Bajo el signo de Saturno’, que en el MUNAL promedió cerca de 1,500 visitantes diarios. Aquí, en el Museo de Arte e Historia de Guanajuato, la noche de inauguración brilló con 1,600 asistentes; manteniendo las cifras del MUNAL. Pero al día siguiente, el primer día de la exposición abierta al público, sólo se vendieron 58 boletos generales y 61 preferentes. Ciento diecinueve personas. Menos de 20 visitas por hora. Menos del 8% que los asistentes a la fiesta inaugural.

    En el Museo Casa Diego Rivera ocurrió lo mismo con ‘Poética del Paisaje’. El museo capitalino mantuvo un promedio de 130 visitantes diarios los primeros tres meses del año. Sin embargo, pese a que esta nueva exposición (también rentada al MUNAL) prometía atraer más visitantes, el primer día de apertura al público en general, sólo se vendieron 44 boletos generales y 30 a un grupo de estudiantes. El patrón es ya casi una ley física: el primer día brindis de honor y espectáculo social; los siguientes, desolación.

    V

    Lizeth Galván aparece impecable en las fotografías para redes sociales. Cuidadosamente cifrado para la gobernadora de la gente, lee un discurso pulido sobre descentralización, diálogo y puentes culturales. Habla, como el Día Internacional de los Museos, de unir un mundo dividido. Pero su administración lleva meses fallando. Exclama la secretaria que seguirá trayendo más exposiciones y eventos para miles. Bienvenidas las danzas de Brasil y la ópera de Monterrey.

     

    Sin embargo, lo que no dice es que con la llegada de estas compañías extranjeras, los creadores guanajuatenses seguirán aguardando su turno y, los que ya le trabajan, seguirán trabajando gratis. Sólo Lucero tiene facultades para cobrar. La narrativa oficial se debe concentrar en las noches de glamour, en los torneos ecuestres de élite, en la F1... Que todo se presente en pantalla grande, donde los números luzcan mejor y con un cóctel que ayude a creerlos.

     

    VI

    Mientras tanto, los funcionarios de la gente afinan en Excel, durante 8 horas,  indicadores ISO (SED) de manual: visitas guiadas en exposiciones permanentes, en temporales, rango de edad, sexo de los asistentes, actividades virtuales, noches de museo, talleres… Cifras que deben duplicarse o triplicarse para reportar a la secretaria, aunque las salas de los museos la mayor parte del tiempo permanezcan vacías. En esta administración, más que museos, se administran indicadores.

     

    Las tablas internas de visitantes a museos son implacables. El Museo Casa Diego Rivera, que superaba los 100 mil visitantes anuales en 2017 y 2018, cerró 2025 con apenas 60 mil. Este año el panorama se mantiene a la baja pese a las exposiciones rentadas y las cifras “optimizadas”. Otros recintos del estado muestran grave estancamiento o franco retroceso, como el Museo Olga Costa, de Guanajuato, que durante el mes de febrero de este año vendió, en promedio, sólo 5 boletos al día. La inflación estadística es el nuevo vicio de Estado.

     

    VII

    Lo que se infla en la política, termina desinflándose con crueldad. Lo que se sostiene con honestidad y arraigo, resiste. En Guanajuato queda al descubierto, una vez más, la distancia abismal entre el discurso grandilocuente: “descentralización”, “éxitos históricos”, “gobierno de la gente”… Y la realidad de salas vacías, acervos propios encerrados en bodegas, creadores precarizados y municipios dejados a su suerte cultural o turística.

     

    En Guanajuato, los museos ya no unen nada: ni al mundo dividido, ni a su propio público. Sólo sirven, con patética eficacia, para inflar indicadores gubernamentales, justificar presupuestos y disimular la lenta pero sistemática rendición de una política cultural que prefiere un like en Facebook antes que enfrentar la humillante verdad de sus museos, que aunque hermosos por fuera y bien iluminados para la foto, en el fondo están profundamente abandonados.

     


    Fecha de publicación:
    18 de mayo de 2026, 08:09

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