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Indignación
Dos escenas han vuelto a indignar a Irapuato en menos de una semana. Dos pistoleros tiroteando a un conductor...
Fecha de publicación:
30 de marzo de 2026, 09:33
Dos escenas han vuelto a indignar a Irapuato en menos de una semana. Dos pistoleros tiroteando a un conductor a un costado de la presidencia municipal mientras junto a ellos pasa una patrulla de tránsito que huye del evento. La segunda, la camioneta abandonada sobre el bulevar Díaz Ordaz del director de la Japami, Roberto Castañeda Tejeda, acribillado a pocos cientos de metros de su lugar de trabajo.
Ambos homicidios cometidos a plena luz por sicarios que tienen tiempo de recargar sus armas, disparar varias ráfagas y huir sin que nadie se interponga en su camino, ni siquiera un agente armado en su patrulla. El primero de estos casos revela la negligencia y/o connivencia de la policía con los criminales. El segundo, la muerte violenta de un funcionario considerado excepcional y sin mancha alguna en su palmarés, podría considerarse una advertencia, un mensaje intimidatorio.
En la obra maestra de Mario Puzo, El padrino, los Corleone dan muestra de su capacidad intimidatoria al dejar la cabeza del caballo favorito de Jack Woltz, un productor de cine, en su cama mientras este dormía plácidamente. La escena escalofriante del despertar de Woltz quedó tan asociada a esa lógica de coerción que acuñó el modismo inglés, “a horse’s head in one’s bed”.
¿Es la cabeza de Castañeda Tejeda un mensaje para las autoridades municipales de Irapuato? ¿O quizás para quien se atreva a sucederlo? No ahondaré en especulaciones al respecto, pero la tibieza y serenidad de las declaraciones tanto de la presidencia municipal como de la gobernadora no abonan (y en general nunca lo han hecho) para que la ciudadanía pueda sentirse medianamente segura de que los culpables serán detenidos y puestos tras la rejas.
Hace quince años, durante las protestas europeas desatadas por la crisis financiera del 2008, Stéphane Hessel, publicó un folletín titulado ¡Indignaos!, que tuvo gran eco en diferentes países, entre ellos España. Hessel, sobreviviente de campos de trabajo en la Segunda Guerra Mundial y miembro de la resistencia francesa, volcó su autoridad moral y experiencia para criticar la apatía que nace, entre otras cosas de una resignación subjetiva, donde los ciudadanos claudican su responsabilidad cívica de exigir a los gobernantes realizar el trabajo encomendado a través del voto.
La indignación es capaz de quebrar esa indiferencia y llevar a los individuos a actuar, a negarse a aceptar como normal las situaciones de injusticia. Por extensión, a que nuestras autoridades dejen de considerarse a sí mismas exclusivos gestores de ornato y obra pública de sus municipios, se comprometan y vinculen a la ciudadanía con la recuperación de la seguridad como algo prioritario, urgente.
No se puede alardear de la baja en índices de homicidios cuando en cualquier coletazo del crimen organizado suceden asesinatos como el de Castañeda Tejeda, o se masacra una docena de futbolistas en una cancha de futbol, o se carece de respuesta de funcionarios armados cuando los crímenes se comenten en su cara.
Ante el silencio general que sigue a estos hechos atroces, surgen muchas preguntas, entre ellas no sólo quién dispara, sino quién gobierna. Porque Irapuato parece acostumbrado a la derrota moral del miedo, al silencio y la apatía. Sé que la indignación por sí sola no es capaz de resolver la crisis de seguridad, pero la indiferencia que aprendimos y prohijamos garantiza su permanencia.
Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com
Fecha de publicación:
30 de marzo de 2026, 09:33
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