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Insolvencia hídrica. O mejor dicho: no hay agua suficiente. Tercera parte
Estimados lectores continuamos con el reportaje que hizo referencia a la “Bancarrota del agua”, documento procedente de los órganos especializados...
Fecha de publicación:
12 de febrero de 2026, 23:45
Estimados lectores continuamos con el reportaje que hizo referencia a la “Bancarrota del agua”, documento procedente de los órganos especializados que forman parte de la ONU, en esta entrega concluyo como lo que advertí con la valiosa entrevista que realizó la revista Expansión a una destacada investigadora y especialista en el sector agua como es Carmen Julia Navarro, cuyas aportaciones han sido nodales para el caso mexicano. Vamos entonces con la entrevista, les comparto el enlace:
Acuíferos en México: la reserva estratégica que sostiene al país y se agota en silencio
MÉXICO
Como ya lo había señalado desde hace dos semanas, estas entregas obedecen a la publicación de los órganos especializados de ONU, que señalan que a nivel mundial existe una bancarrota de agua, así como que los conceptos de “estrés hídrico” y “crisis del agua han sido sobrepasados, de hecho, varios de nuestros conceptos y prácticas están sobrepasados. Recordarán que también mencione que es un avance que se haya esgrimido este concepto de la bancarrota sin duda alguna, pero antes lo que nos encontraos es una “insolvencia hídrica”, que no se ha percibido del todo, y aquí está el problema, los sectores productivos que cuentan con capital e influencia o zonas urbanas de poder adquisitivo medio hacia alto, no se percatan, pues los grupos vulnerables en las urbes, en el sector rural, productivo y agrícola bajo, son quienes ya lo padecen, incluso el sector que no tienen voz como es la propia naturaleza que padece los estragos y escasas voces denuncian los ecocidios.
Vamos entonces con algunos párrafos de la entrevista de “Expansión” a la especialista Dra. Carmen Julia Navarro: “La explotación intensiva del agua subterránea en México comenzó alrededor de 1930, impulsada por la necesidad de abastecer a la Ciudad de México y por el desarrollo agrícola en regiones áridas, donde las fuentes superficiales resultaban insuficientes ante el aumento de la demanda”. Aquí la especialista nos proporciona el primer elemento para empezar a comprender que sucedió en el país, el origen de esta bancarrota o como le he denominado la “Insolvencia hídrica”
La Dra. Navarro comienza a inducir en la panorámica nacional, a modo de volver a recordar que México es un territorio con geografía diversa, en el que el consumo de agua se concentró en el centro norte, es una zona con menores precipitaciones y un clima seco, ahí se comenzó a desarrollar los puntos centrales de la economía mexicana, ante esto nos señala: “Hoy, la sobreexplotación no se distribuye de manera uniforme en el territorio. De acuerdo con información de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), los acuíferos más afectados se concentran en regiones estratégicas como Lerma-Santiago-Pacífico, Cuencas Centrales del Norte, Río Bravo, el Noroeste y la Península de Baja California”. “Estas zonas coinciden con los principales polos agrícolas, industriales y urbanos del país y concentran alrededor del 58 % del total del agua subterránea que se extrae para todos los usos”.
Sin duda esto tiene consecuencias, que muchas veces en diversos foros y voces lo han señalado: “Esta presión explica los descensos sostenidos del nivel freático, el aumento de los costos energéticos para el bombeo y los conflictos crecientes entre usuarios, particularmente en el norte y centro del país”.
La especialista continúa poniendo el dedo en la llaga: “Esta situación no se debe solo a que se saque más agua, sino a cómo se ha gestionado históricamente el agua subterránea en el país”. Si la escasez de agua es grave, se adiciona un elemento que ha empeorado la situación, es decir, todo mundo habla de sequías, estrés hídrico, cambio climático, mala gestión, pero lo peor es que esto se ha normalizado y la reacción o toma de decisiones correctas por parte de la autoridades y actores productivos determinantes, han dado su mano a torcer. “…el concepto mismo de sobreexplotación, lejos de funcionar como una señal de alerta temprana, se ha normalizado y ha perdido valor operativo dentro de la política hídrica”.
No basta con sólo señalar el problema, es importante contar con herramientas más precisas que nos permitan medir cada aspecto que nos ayude a conocer el grado de problemática, existe una desactualización de metodologías y modelos, en lo personal he atestiguado que la Dra. Navarro señala la importancia de darle el lugar en el pasado a la planeación indicativa, ella habla de planeación adaptativa, lo cual es por mucho más apegado a la real y a lo útil, en este espacio en entregas anteriores, lo he insistido, nuestro indicadores son inútiles, son viejos, adolecen de dinamicidad, a este respecto, la Dra. Nos comparte: “Desde la década de 1970, México comenzó a gestionar sus acuíferos a partir de balances anuales que relacionan precipitación y extracción. Para Navarro, este enfoque representó un avance importante en su momento, pero ya ha quedado rebasado”.
“Fue un gran inicio porque no había nada, pero esa evolución se quedó muy corta e insuficiente”.
Otro de los señalamientos que no deben echarse en saco roto es el siguiente: “Uno de los errores centrales ha sido tratar a los acuíferos como si fueran presas”. “En una presa sabes cuánto tienes almacenado y cuánto puedes sacar; en un acuífero solo supones que entra tanto por la precipitación, pero no lo estás observando de forma tangible”. “Además, la respuesta de recarga de los acuíferos no es inmediata. “Hay algunos que responden de forma anual, pero la mayoría no. El agua que llega hoy al acuífero puede haber tardado cinco o diez años en infiltrarse”. “Esta falta de sincronía lleva a sobreestimar la recarga y a seguir autorizando volúmenes que, en términos físicos, ya no existen”. De ahí amables lectores la imperiosa necesidad de modificar los modelos de medición, las metodologías, y no sólo en acuíferos o presos sino en toda la gestión del agua. Sabemos que hay bancarrota o insolvencia hídrica”, pero hasta donde llega ese nivel, eso se desconoce, para la toma de decisiones, es importante saber el nivel de afectación, y los indicadores que se usan son viejos y ajenos a la realidad actual.
“Uno de los principales errores de la política hídrica ha sido priorizar el tipo de uso del agua por encima de su impacto físico. “No importa para qué se use el agua; lo que importa es cuánto se extrae y qué impacto genera en el acuífero”. Este concepto si se percatan se enfoca a los acuíferos, no a las presas que también padecen una problemática, no se diga el resto de los cuerpos de agua superficial, como lagos, lagunas y ríos, El desconocimiento hace aparición pues de repente se anuncia como una solución el explotar el agua de mar, pero esto no es factible para todo el país, hay ciertas regiones que son propicias, pero sólo son ciertas zonas, no el interior del país.
A fin de cuentas, debemos recapitular que los proyectos gubernamentales y recuerdo hace poco más de dos años que el gobierno del Estado de Aguascalientes, anunció como una gran aportación el “proyecto de incremento de agua”, se habla de suministrar agua, pero el gran problema debe partir de una pregunta simple ¿Cuál agua?, si hay una insolvencia hídrica, estamos agotando las reservas y esto terminarán en número tan bajos que cada vez menos personas tendrán acceso al agua, la producción en general tendrá descensos y la flora y fauna, así como la propia naturaleza, será la primera en caer.
Nos vemos la próxima semana, no olviden la importancia de emprender políticas y acciones que permitan que, en México y Aguascalientes, el agua nos alcance.
Comentarios: saalflo@yahoo.com
Fecha de publicación:
12 de febrero de 2026, 23:45
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