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5/15/2026
Macaria

La lección de BTS para México

Durante tres días, la Ciudad de México se paralizó por BTS. El grupo surcoreano se presentó el 7, 9 y 10 de mayo en el Estadio GNP...

Fecha de publicación:
14 de mayo de 2026, 01:55

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    Durante tres días, la Ciudad de México se paralizó por BTS. El grupo surcoreano se presentó el 7, 9 y 10 de mayo en el Estadio GNP con llenos absolutos, mientras decenas de miles de personas permanecían afuera sin boleto solamente para escuchar un fragmento del concierto, ver una pantalla o sentirse parte de algo. Días antes, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció en su mañanera que BTS saldría al balcón de Palacio Nacional para saludar a sus fans. Bastaron unas horas para que alrededor de 50 mil personas se congregaran en el Zócalo.

    La escena fue histórica. Y profundamente política.

    No porque BTS hiciera propaganda partidista. Tampoco porque las ARMY* mexicanas fueran manipulables, como algunos comentarios misóginos intentaron insinuar después en redes sociales. La escena fue política porque expuso algo que México todavía no termina de entender: la cultura también es poder.

    Escribo esto también como ARMY. Y precisamente por eso me interesa menos la euforia del concierto que la estructura política y cultural que hizo posible un fenómeno como BTS.

    Durante años, en México se ridiculizó el K-pop como un gusto “para adolescentes”. Muchas veces, además, desde una visión profundamente machista. A ningún hombre le preguntan qué vacío emocional intenta llenar viendo fútbol cada semana o llorando porque perdió su equipo. Pero a millones de mujeres sí se les exige justificar por qué aman a un grupo de pop coreano.

    Cuando viajé a Corea del Sur en 2019, descubrí algo que en México todavía parecía incomprensible: allá el K-pop no se vive como vergüenza generacional ni como placer culposo. Es cultura popular nacional. Es industria. Es orgullo. Recuerdo preguntarles a varios coreanos quién escuchaba BTS realmente, esperando que me respondieran “las adolescentes”. Me miraban extrañados: “Pues cualquiera. A quien le guste”.

    Ahí entendí que el problema no era escuchar K-pop. El problema era la mirada occidental que infantiliza aquello que no comprende, especialmente cuando está asociado a mujeres jóvenes y a emociones colectivas femeninas.

    Porque BTS no es solamente música. BTS es soft power.

    Cuando un país logra que el mundo desee su cultura, su idioma, su forma de vivir, no necesita ejércitos ni sanciones económicas. Corea del Sur entendió esto hace décadas. Y lo convirtió en política de Estado. Los académicos lo llaman soft power. Joseph Nye desarrolló el concepto para explicar la capacidad de un país para influir internacionalmente a través de la atracción cultural, simbólica e ideológica Yo lo vi funcionar en cada tienda, cada museo, cada conversación en Seúl.

    El Hallyu —la llamada “ola coreana”— no apareció espontáneamente. Después de la crisis asiática de 1997, Corea del Sur decidió invertir agresivamente en industrias culturales y tecnológicas como estrategia de reconstrucción económica y posicionamiento global. K-pop, cine, K-dramas, videojuegos, cosmética, gastronomía, moda y turismo comenzaron a integrarse dentro de una misma visión internacional.

    Se estima que BTS ha generado más de 4 mil 900 millones de dólares para la economía surcoreana, aportando alrededor del 0.3% del PIB nacional. El mercado cultural coreano se encuentra entre los más importantes del mundo y las exportaciones culturales superaron los 10 mil millones de dólares desde hace años. El gobierno surcoreano invierte miles de millones en promoción cultural internacional, producción tecnológica y turismo asociado a la cultura contemporánea.

    Mientras tanto, México vive una contradicción casi absurda.

    Nuestro sector cultural aporta alrededor del 2.8% del PIB nacional y genera más de 1.4 millones de empleos. Somos una potencia cultural objetiva: patrimonio, gastronomía, música, cine, literatura, artesanía, estética, tradición popular. Sin embargo, el presupuesto destinado a cultura para 2026 apenas representa cerca del 0.21% del gasto federal y además sufrió recortes significativos.

    México posee soft power. Lo que no posee es una política de soft power.

    Y ahí está la verdadera lección de BTS para México.

    No basta con sacar al grupo al balcón de Palacio Nacional ni aprovechar el entusiasmo colectivo como imagen positiva de gobierno. Aunque, siendo honestos, tampoco me parece incorrecto que Claudia Sheinbaum haya permitido que miles de personas que jamás podrían pagar un boleto tuvieran al menos un momento simbólico de cercanía con un fenómeno cultural global. La cultura también debe democratizarse.

    El problema es otro: México quiere fotografiarse con el soft power coreano sin haber construido jamás una estrategia cultural semejante.

    Porque Corea del Sur entendió que la cultura no era un gasto ornamental, sino infraestructura económica, diplomática y geopolítica. México, en cambio, sigue tratando la cultura como convocatoria precaria, evento sexenal, relleno institucional. Conozco músicos que ganan menos por un proyecto de Cultura que lo que cuesta el Uber para llegar al foro. Conozco escritores que financian su propio libro y luego donan ejemplares a la institución que no los apoyó. Eso no es política cultural. Es caridad mal disfrazada.

    Aquí los artistas sobreviven a pesar del Estado, no gracias al Estado.

    Y eso se nota.

    Se nota en las instituciones culturales dirigidas por cuotas políticas. Se nota en la precarización de escritores, músicos, actores y promotores culturales. Se nota en la incapacidad de convertir nuestra enorme riqueza simbólica en una política pública sostenida.

    Mientras Corea exporta identidad, México exporta talento precarizado.

    Tal vez por eso BTS logró algo que ningún partido político mexicano consigue ya sin acarreo: movilizar emoción colectiva auténtica. No por manipulación. No por fanatismo irracional. Sino porque Corea entendió algo que nosotros seguimos sin asumir: las emociones también son una forma de poder.

    BTS no vino solamente a ofrecer conciertos multitudinarios. Vino a exhibir, frente a Palacio Nacional, todo lo que México todavía no ha querido construir. La pregunta no es por qué BTS llena estadios en México. La pregunta es por qué México nunca ha decidido que su propia cultura merece ese esfuerzo.

     

     

    * ARMY es el nombre oficial del fandom del grupo de K-pop BTS, fundado el 9 de julio de 2013. Es el acrónimo de "Adorable Representative M.C. for Youth" (Adorables Representantes MC para la Juventud).

    Fecha de publicación:
    14 de mayo de 2026, 01:55

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