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6/3/2026
Fidel Ruiz

Las historias que el Mundial vuelve a contar

Volverán los pronósticos. Las estadísticas. Las alineaciones probables. Los análisis tácticos. Las discusiones interminables sobre...

Fecha de publicación:
3 de junio de 2026, 00:27

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    Dentro de unos días comenzará el Mundial.

    Volverán los pronósticos. Las estadísticas. Las alineaciones probables. Los análisis tácticos. Las discusiones interminables sobre quién llega mejor y quién decepcionará. Durante unas semanas el planeta entero girará alrededor de una pelota.

    Y sin embargo, el fútbol nunca ha sido solamente fútbol.

    Si así fuera, no existirían los aficionados que siguen acompañando a un equipo durante décadas sin recibir nada a cambio. No existirían las ciudades paralizadas por una derrota. No existirían los niños que sueñan con levantar una copa que probablemente jamás tocarán.

    El Mundial es una competencia deportiva. Pero también es una de las últimas narrativas globales capaces de reunir a millones de personas alrededor de una misma ilusión.

    Por eso, para entender el futbol, muchas veces resulta más útil acudir a los libros, las películas y las series que han intentado explicarlo que a las estadísticas que pretenden medirlo.

    Porque las grandes historias sobre fútbol rara vez hablan de fútbol.

    Hablan de nosotros.

    Uno de los mejores ejemplos recientes es Los héroes numerados, de Juan Villoro.

    El libro parte de algo aparentemente sencillo: los números en la espalda de los jugadores.

    Pero rápidamente se convierte en una exploración sobre la necesidad humana de construir héroes.

    Villoro entiende que el aficionado no sigue únicamente a un deportista. Sigue una narrativa. Una promesa. Una posibilidad de trascendencia.

    El número diez deja de ser un número. Se convierte en una expectativa colectiva.

    Y quizá por eso seguimos creyendo incluso cuando la realidad insiste en contradecirnos.

    Las películas han explorado esa misma obsesión desde otros lugares.

    El extraordinario documental Diego Maradona muestra algo que el futbol suele intentar ocultar: la distancia entre el ídolo y la persona.

    La película no retrata únicamente al mejor jugador de su generación. Retrata el costo de convertirse en símbolo.

    Hay un momento en que Diego deja de pertenecer a sí mismo y pasa a pertenecer a millones de personas.

    Y esa transformación resulta profundamente incómoda.

    Porque obliga a preguntarnos cuánto de lo que admiramos en nuestros héroes existe realmente y cuánto hemos construido nosotros para poder seguir creyendo.

    Otra obra indispensable es The Two Escobars.

    Probablemente ninguna película ha explicado mejor la imposibilidad de separar el futbol de la realidad.

    La historia conecta la selección colombiana de los noventa con el narcotráfico, la violencia y el peso insoportable de las expectativas nacionales.

    Lo que emerge no es una historia deportiva.

    Es una tragedia.

    Una que recuerda algo que solemos olvidar durante los mundiales: detrás de los himnos, las banderas y las ceremonias existen países reales, con heridas reales.

    Y esas heridas también entran a la cancha.

    Más ligera en apariencia, pero igual de reveladora, resulta Next Goal Wins.

    La historia de la selección de Samoa Americana parece una comedia sobre el peor equipo del mundo.

    Pero en realidad habla de otra cosa.

    Habla del fracaso.

    Y pocas experiencias resultan tan universales como esa.

    La mayoría de los equipos que participan en un Mundial saben que no van a ganarlo. La mayoría de los aficionados también lo saben.

    Y aun así siguen mirando.

    Siguen creyendo.

    Siguen esperando.

    La película entiende algo fundamental sobre el fútbol: muchas veces el verdadero acto de valentía no consiste en ganar.

    Consiste en seguir apareciendo.

    Y luego está Fever Pitch.

    Quizá el libro que mejor ha capturado la lógica emocional del aficionado.

    Hornby describe algo que cualquier seguidor de un club o una selección reconoce de inmediato: la fidelidad irracional.

    La relación con un equipo no se sostiene sobre resultados.

    Se sostiene sobre pertenencia.

    No elegimos racionalmente a quién apoyar. Nos ocurre.

    Y una vez que ocurre, la lógica deja de tener demasiado espacio.

    Lo fascinante es que todas estas obras terminan llegando al mismo lugar.

    Ninguna habla realmente de sistemas tácticos.

    Ninguna se obsesiona con los marcadores.

    Todas intentan responder una pregunta mucho más difícil:

    ¿Por qué seguimos creyendo?

    Desde la periferia, esa es quizá la verdadera historia del Mundial.

    No la que se juega en los estadios.

    La que ocurre fuera de ellos.

    La historia de millones de personas que durante un mes deciden suspender la racionalidad y entregarse a una narrativa colectiva.

    Una narrativa que se alimenta de memoria, identidad, nostalgia y esperanza.

    Porque el fútbol, como las grandes novelas, funciona gracias a una promesa.

    La promesa de que esta vez será diferente.

    De que esta vez el héroe aparecerá.

    De que esta vez el final será otro.

    Y aunque la experiencia nos diga lo contrario, seguimos regresando.

    Quizá porque en el fondo entendemos algo que los libros, las películas y los documentales sobre fútbol han sabido contar mejor que cualquier comentarista deportivo:

    que el Mundial nunca ha sido solamente una competencia.

    Es una de las últimas ocasiones en las que una parte importante de la humanidad acepta hacer algo extraordinariamente poco razonable.

    Creer.

    *Es autor de la novela 30 Días en Cana. Cuenta con estudios de interpretación artística de cine, por la Universidad Anáhuac de Querétaro.

     

    Fecha de publicación:
    3 de junio de 2026, 00:27

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