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Los therians de la política guanajuatense
Reconozco que el ser humano, como decía Vallejo, es lóbrego mamífero y se peina; y que desde tiempos inmemoriales se ha identificado...
Fecha de publicación:
2 de marzo de 2026, 01:19
Reconozco que el ser humano, como decía Vallejo, es lóbrego mamífero y se peina; y que desde tiempos inmemoriales se ha identificado a tal grado con las bestias que no parece extraño que resurjan antiguas y profundas filias hacia nuestros demás compañeros de evolución. También, que la política mexicana está plagada de animales como los grillos, chapulines, borregos o mapaches; así como la colombiana puede estarlo de sapos, micos, conejos o lagartos.
Así que hago un alto en los análisis más sesudos para echar mano de las nuevas tendencias terianas que tanto revuelo causaron estas semanas en el mundillo cibernético, para buscar algunos animales que podrían sentir alguna afinidad profunda con varios personajes de nuestro terruño. No sé si el político en cuestión pudiera sentir también esa correspondencia en el alma con estos animales específicos, pero descargo en los lectores la potestad de confirmarlo o desmentirlo. Acá vamos:
El pavo real: animal algo tibio que gusta lucir su vistoso atavío en toda ceremonia y particularmente en fotos para sus redes. Con su llamativo abanico de plumas busca cubrir todas las trapacerías de sus predecesores. Lo suyo en realidad, es la falsa apariencia, lo banal. Se desplaza con paso terso, pues sabe que el monte entero lo está mirando. Graznido muy entrenado y poco llamativo que compite con el del loro en contenido y persistencia. Dice gobernar, a pesar de las inevitables ansias sucesorias de su zoológico.
El perro de azotea: animal doméstico muy fiel a sus amos. Experto en ladrar con ferocidad desde la alturas aunque olvida morder cuando se abre la puerta. Gusta ser fotografiado en mesas de trabajo, congresos, comisiones, pero estar tan alejado de la tierra le ha llevado a perder el olfato, pues no percibe lo que se pudre a su alrededor. Sueña con alcanzar el retiro dorado de su predecesor.
El gallo: Animal orgulloso y llamativo que al no poder reelegirse, busca imponer su designado en el corral que regentea, aunque tenga que cambiar de partido para ello. Obsesionado con su figura compite con el pavo real y es capaz de picotearlo. Se da permiso para soñar con trenes elevados mientras estallan las tuberías de agua de su ciudad. Su cercanía con otras especies lo hace proclive a rescatar perros o planear hospitales para mascotas en detrimento de los humanos.
Las cigüeñas: Damas que gobiernan desde las alturas siempre con un ojo en el nido propio, de donde provino su actual cargo o de donde desean sacar su reemplazo. Elegantes en su vuelo, poseen la frialdad del ave que pisa fino sin ensuciarse demasiado. Su gracia está en volar, en particular al extranjero y a ferias turísticas, algo que las hace muy proclives a pensar más en servir como escenografía para los foráneos que en brindar seguridad a sus gobernados.
El tlacuyo: híbrido, mitad animal de laboratorio, mitad sobreviviente de baldío; lo examinan todos, lo cercan muchos, pero ahí sigue, nervioso, correteado y extrañamente vivo, gobernando la ciudad más letal del estado. Puede despistar a más de uno, pues bajo su apariencia inocente, esta criatura morena y experimental no inspira miedo ni obediencia, aunque parece hecha para resistir la intemperie y el sobresalto. Puesto a prueba todos los días, vuelve a salir del hoyo. Aún no sabemos si querrá permanecer tres años más en el basurero o si preferirá regresar al laboratorio…
El panda azul: tierna variante de los originales pandas monocromáticos que enternecen a los visitantes de los zoológicos; y de los pandas rojos, que oscilan entre voraces depredadores y parásitos de jungla. La mutación azul tiene grandes propiedades: en Houston y Comanjilla. Su inconsistencia existencial lo hizo oscilar entre salidas bravuconas y llantos conmovedores. También regaló concesiones y favoreció a sus amigos con dinero del erario. Protegido por el pavo real, ha entrado en proceso de hibernación porque según él nadie puede probar nada. Y eso que ahora tenemos Secretaría de la Honestidad…
El pulpo: habitante de los bajíos y aguas poco profundas, rara vez muestra el cuerpo entero. Se desliza por debajo sin estruendo, pero medra mucho: con una ventosa extorsiona el comercio, con otra atemoriza en las calles. Y tiene brazos para hacer de las suyas en todos los estamentos. No necesita rugir para imponer miedo, sólo tiene que apretar. Cuando parece que le cortan un tentáculo, los demás siguen moviéndose con esa terquedad viscosa que hace imposible expulsarlo del todo. Quizás ni convenga… En Guanajuato, el pulpo no gobierna de frente, pero condiciona, asfixia y cobra. Mantiene al estado en la más sucia forma del poder: la del miedo administrado.
Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com
Fecha de publicación:
2 de marzo de 2026, 01:19
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