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Rossana, la incómoda
"En medio de los homenajes, conviene no olvidar esa dimensión. Rossana fue precisa, valiente, necesaria, solidaria"
Fecha de publicación:
5 de mayo de 2026, 09:31
Habrá quienes puedan explicar mejor —con mayor rigor y detalle— la dimensión del aporte académico de Rossana Reguillo. Su obra, vasta y lúcida, ha marcado ya varias generaciones en el estudio de la cultura, las juventudes y la violencia. No hace falta intentar resumir aquí lo que es, sin exagerar, inconmensurable.
La reacción a su muerte ha sido múltiple, diversa, profundamente sentida. Académicos, periodistas, estudiantes, activistas. Voces distintas que coinciden en algo que va más allá de su obra: su calidad humana. La cercanía, la generosidad, la capacidad de escuchar. Una amiga entrañable que siempre escuchaba con atención y reviraba con contundencia. Yo soy uno de tantos que la vamos a extrañar, que lamentamos su pérdida y que desde el primer minuto extrañamos esas charlas amenas.
En medio de este duelo, hay un ángulo que me gustaría destacar, el de Rossana como figura incómoda para el poder. Porque lo fue. En un momento en que el debate público empezaba a degradarse entre consignas, polarización, desinformación y linchamientos digitales, Rossana hizo de la observación rigurosa algo subversivo. Nombró con evidencia y anticipó lo que venía.
Hizo fuertes críticas al gobierno de Peña Nieto, por el caso Ayotzinapa. Por ello recibió amenazas de muerte en 2015. Su trabajo en el Signa Lab del ITESO fue clave. Desde ahí, impulsó el primer análisis sistemático sobre la operación digital del nuevo poder. El informe sobre la llamada red AMLOVE (febrero de 2019) no fue una ocurrencia.
Fue una advertencia temprana, con datos, metodología y evidencia, en la cual mostró cómo se articulaban comunidades digitales para amplificar narrativas, atacar a críticos y moldear el debate público desde el oficialismo. En muchos sentidos, ese fue el punto de partida de una lectura que desvelaba a la desinformación y el ataque orquestado en redes como estrategia del gobierno que iniciaba apenas un par de meses atrás.
En mayo de 2020 vino el caso Notimex. En el trabajo conjunto con Aristegui Noticias y Artículo 19, Signa Lab realizó un irrefutable aporte técnico sobre el comportamiento de las cuentas asociadas a la agencia durante la gestión de Sanjuana Martínez. Con ello ayudó a confirmar la existencia de una operación digital organizada para atacar, desacreditar y disciplinar extrabajadores de la agencia y periodistas críticas.
No fue una intervención menor, fue un acto de incomodidad política y como suele ocurrir en esos casos, tuvo costos. Rossana fue -otra vez- blanco de campañas de desprestigio, ataques sistemáticos y hostigamiento digital. No se le respondió con argumentos, solamente se le intentó deslegitimar. Aun así, no se replegó.
Recuerdo bien los días del evento en el ITESO, en febrero de 2024, cuando discutíamos —junto a otras voces de la región— el desencanto democrático en América Latina. Era un momento de reflexión crítica, pero también de tensión política. Fue justo cuando desde sectores de MORENA se cuestionó que el Instituto Nacional Electoral contemplara a Signa Lab para filtrar preguntas del público en el primer debate presidencial de 2024.
El argumento de ese ataque era revelador: Rossana no podía estar ahí porque era crítica. No porque sus análisis fueran incorrectos, ni porque su trabajo careciera de rigor, sino porque incomodaba. La presión fue suficiente para que se hiciera a un lado. Ese episodio dice mucho más de nuestro tiempo y del proyecto político hegemónico que cualquier discurso.
Me tocó palpar su dolor en esos momentos aciagos, observar en tiempo real el festival de mezquindades y mentiras en su contra y cómo la iniquina incidía en su ánimo. Pero nunca la vi derrotada, al contrario, la solidaridad de las y los periodistas latinoamericanos que se congregaron en el evento la empujaron hacia adelante. No se arredró y durante sus intervenciones fue tan clara y directa como siempre.
Ella fue enfática en señalar que la crítica se volvió sospechosa, que el rigor se interpreta como sesgo y que la independencia incomoda más que la propaganda. Rossana, en ese contexto, eligió no acomodarse, eligió incomodar. No desde la estridencia, sino desde algo más difícil en tiempos posverdad: la evidencia.
Hoy, en medio de los homenajes —justos, necesarios—, conviene no olvidar esa dimensión. Rossana fue precisa, valiente, necesaria, solidaria. En este contexto de alineamientos y silencios confortables, quizá el mejor homenaje posible será no domesticar su memoria. Pero además, seguir haciendo lo que ella hizo: nombrar lo que incomoda.
Fecha de publicación:
5 de mayo de 2026, 09:31
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