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1/25/2026
Fidel Ruiz

Sentimental Value: el precio íntimo de la paternidad ausente

Sentimental Value pertenece a esa segunda categoría: no empuja la historia, la deja respirar. No subraya el conflicto, lo permite...

Fecha de publicación:
20 de enero de 2026, 23:47

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    Hay películas que avanzan.

    Y hay otras que se quedan.


    Sentimental Value pertenece a esa segunda categoría: no empuja la historia, la deja respirar. No subraya el conflicto, lo permite. Y en ese gesto —tan poco espectacular como profundamente político— se instala una de las reflexiones más complejas del cine reciente: qué significa ser padre cuando ya es demasiado tarde.

    Nominada al Oscar, sí. Pero ese dato es casi accesorio. Lo importante es que esta película confirma algo que el cine de origen nórdico lleva décadas diciendo en voz baja: las grandes tragedias modernas no ocurren en la épica, sino en el hogar.

    La ausencia como forma de presencia

    En Sentimental Value, la paternidad no se define por el abandono explícito, sino por algo más incómodo: la ausencia emocional dentro de la presencia física. Padres que estuvieron, pero no miraron. Que proveyeron, pero no acompañaron. Que hablaron, pero nunca dijeron lo esencial.

    La película no busca culpables; busca consecuencias. Y lo hace con una precisión quirúrgica: cada silencio, cada plano sostenido, cada diálogo incompleto construye la sensación de una deuda que no prescribe.

    Aquí la figura paterna no es villana ni mártir. Es algo más reconocible y, por ello, más perturbador: un hombre incapaz de nombrar el afecto, educado para cumplir funciones, no para habitar vínculos.

    El cine nórdico y la ética del silencio

    Desde Bergman hasta nuestros días, el cine escandinavo ha trabajado con una convicción casi moral: no todo dolor necesita explicación. Sentimental Value hereda esa tradición y la actualiza con una sensibilidad contemporánea.

    No hay música manipuladora.
    No hay monólogos catárticos.
    No hay redención obligatoria.

    El silencio aquí no es vacío: es lenguaje. Un lenguaje que obliga al espectador a completar lo que no se dice, a recordar lo que tampoco se resolvió en su propia historia familiar.

    En tiempos donde el cine explica demasiado, esta película confía en la inteligencia emocional del espectador. Y esa confianza es, hoy, un acto radical.

    Actuar sin demostrar

    Uno de los grandes logros de Sentimental Value está en sus actuaciones. No interpretan
    emociones: las contienen. Los actores entienden que el dolor profundo no se expresa, se
    filtra. Aparece en una respiración interrumpida, en una mirada que no se sostiene, en un cuerpo que ocupa menos espacio del que podría.

    Es un tipo de actuación que incomoda a quien espera espectáculo, pero recompensa a quien sabe mirar. Aquí, el gesto mínimo vale más que cualquier estallido emocional.

    El cine nórdico ha perfeccionado este registro: personajes que no se explican a sí mismos porque nunca aprendieron a hacerlo. Y esa imposibilidad es, precisamente, el centro del drama.

    Lo íntimo como territorio político

    Hablar de paternidad ausente no es solo hablar de familia. Es hablar de cómo se construyen subjetividades incapaces de cuidar, de generaciones formadas en la distancia emocional, de hombres educados para callar.

    Sentimental Value no denuncia, pero expone. No acusa, pero deja ver. Y al hacerlo, convierte lo íntimo en una pregunta colectiva: ¿cuántas relaciones rotas no comenzaron por una ausencia que parecía normal?

    En un mundo saturado de discursos sobre identidad, la película propone algo más incómodo: mirar el origen emocional de nuestras carencias.

    Epílogo: lo que queda cuando ya pasó el tiempo

    Esta no es una película sobre reconciliaciones fáciles. Es una película sobre lo que queda cuando el tiempo ya hizo su trabajo. Sobre los vínculos que no se rompieron, pero tampoco se construyeron.

    El “valor sentimental” del título no alude a la nostalgia, sino al costo: lo que se paga por no haber estado, por no haber dicho, por no haber mirado a tiempo.

    Sentimental Value confirma que el mejor cine contemporáneo no grita verdades; las deja sobre la mesa. Y en ese silencio —tan nórdico, tan humano— nos obliga a sentarnos frente a ellas.

    Fecha de publicación:
    20 de enero de 2026, 23:47

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